
Ahora les voy a narrar mi lamentable historia, la que me trajo acá, ¡bah! Sólo una ínfima parte, porque soy un hombre de muchas vidas. Quiero decir, para que me entienda, reencarnaciones. Le comentaba que se fertilizó la idea en mí, cuando decidí (por alguna llamada cósmica) que debía colgar estrellas en mi árbol de navidad. Así comenzó mi peregrinar por las calles de la ciudad. Fue duro, muy duro. La metrópoli gardeliana está llena de baches, trampas mortales para locos, súcubos que se esconden en las trastiendas; siempre esperando el momento apropiado para atacarnos. Perdón, no me quiero ir del tema, pero a veces es mejor aclarar o recordar lo que rezuma mi mente. Me doy cuenta que usted no es el típico matasanos con mirada grave pero ausente, cuyo ojo refulge y se enciende ante una persona cuerda con exceso de realismo urbano, porque sólo yo veo los súcubos, no creo que usted pueda…¡bah! La idea no es mortificarlo tampoco, pero sepa, que algún letrado asesino de ideas, o como usted, matasanos de profesión, deberá ser mi vocero oficial por si algún bache me succiona y los súcubos me acechan.
Cuando decidí colgar estrellas en mi árbol de navidad, sólo estaba poseído por esa idea; me enceguecí y accioné mi cuerpo para equilibrarlo con ese deseo casi impoluto y mágico, como suelen ser los deseos navideños. Me emperifollé lo mejor que pude, aunque los milagros no existen y tengo que lidiar con esta caripela infernal; será uno de los motivos por los cuales me siguen los súcubos. Creerán que fealdad es sinónimo de fertilidad, no sé, ¡bah! otra vez me voy de rosca…
Me repetí tanto la palabra “Estrella” que no se me ocurrió otra más que Isabel Sarli,
Estuve meses esperando. Nada estaba improvisado o librado al hado, todo lo contrario. Yo había pergeñado maquiavélicamente todos mis movimientos estudiando los de ella.
Bueno, así me fui metiendo en el teatro Arlequino, por una vieja ventana desde un pasillo de conventillo donde se vendía vino patero en damajuana, absolutamente ilegal; que era embotellado en la cocina por tres generaciones de mujeres sin hombres; eso me hizo sospechar que podría tratarse de súcubos encubiertos. La ventana estaba a bastante altura, pero ya tenía resuelto como escalar hasta allí.
A pesar de que esas mujeres me intimidaban bastante, sé que me espiaban, pero igual me dejaban hacer lo mío sin interrumpirme. Estoy seguro que disfrutaban hasta el orgasmo las muy brujas.
Trepé por una maceta gigante de Ficus, hasta el techo de chapas de la cocinita, y ya tenía preparada la soga con el gancho. Sólo debía embocarlo en una grieta y trepar. También había ensayado miles de veces, incluso en el mismo lugar, con la excusa de comprar vino patero. Llegué a ir tres veces en la misma semana, al punto que casi me convierto en paterodependiente; es el día de hoy, que sueño que estoy bebiendo ese elixir sucubiano.
El gancho quedó firmemente agarrado y subí sin dificultad la alta pared lateral del teatro. La ventana no fue un obstáculo ya que siempre estaba abierta y era enorme; daba a un salón donde se enseñaba actuación y danza. De ahí en más todo era demasiado simple. Bajar la escalera hasta el primer subsuelo donde estaban los camarines y esperar a que
Soy una persona muy paciente, pero paciente de paciencia ¡no se confunda! Yo no estoy enfermo.
Así pasaron horas hasta que escuché su suave voz acercándose cada vez más, y luego el ruido chirriante de la puerta al abrirse. Despidió a sus dos secretarias y al wilderiano y bizarro director, y se recostó en el sillón como solo una reina puede hacerlo; acomodando su cabellera enrulada y renegrida. Yo espiaba desde un biombo con estampado de dibujos japoneses de geishas y pavos reales con sus colas desplegadas. Vi como su pecho majestuoso se elevaba y bajaba serenamente al compás de su respiración; entonces me fui acercando casi sin tocar el suelo, levitando hacía ella: la diosa, la reina.
Cuando estuve próximo a su rostro aterciopelado, ella abrió los ojos gatunos, y aterrada gritó. Intenté acallarla suavemente, pero en ese momento vi sus garras; sus uñas largas y ganchudas, y comprobé que mi Coca también era un súcubo, ¡vade retro Lilit! pulposo y bello súcubo…
Bueno, el resto usted ya lo sabe, y le confieso que soy el que tiene amenazado a Macri con las cartas explosivas, para que termine con los baches de la ciudad, así los súcubos se mudan a otras metrópolis, ¡he dicho!
Fin
Glosario
Súcubo: Según las leyendas medievales occidentales, es un demonio que toma forma de mujer guapa para seducir a los hombres y robarles su energía. Coleccionan el semen de los hombres con los cuales durmieron.
Baches: hoyo que se hace en el pavimento de calles y caminos.
Emperifollar: arreglar, adornar
Caripela: del lunfardo, léxico porteña, cara, rostro
Isabel Sarli: Conocida como “Coca”, Artista argentina, actriz de películas eróticas en las décadas del 50, 60, 70 hasta principios del 80. Fue pareja del cineasta Armando Bo hasta su muerte.
vino patero: vino casero
Macri: Intendente de la ciudad autónoma de Buenos Aires







